En estas fechas es muy probable que te toque conducir en situaciones de tormenta o incluso con granizo. Conducir en plena tormenta es una tarea a la que hay que dedicar especial atención y cuidado, pero la situación se agrava si se trata de una tormenta eléctrica. 

Si una tormenta se desata, lo más recomendable es parar en un lugar seguro, como una vía de servicio, y esperar a que remita. No obstante, a veces no es posible detener el vehículo, por lo que no queda más remedio que continuar conduciendo. En ese caso lo mejor es optar por circular con calma: el asfalto mojado y la alta velocidad no son buena combinación.

Visibilidad reducida

Generalmente durante una tormenta la visibilidad se reduce, por lo que, una vez más hay que circular con precaución y atentos a todo. Encienda las luces y hágase ver. Con la carretera mojada es conveniente ampliar la distancia de seguridad para evitar colisiones. Cuidado con las frenadas largas pues harán que el vehículo resbale, sobretodo en las curvas. Es recomendable frenar poco a poco en lugar de pisar a fondo el pedal.

Tormenta eléctrica: el coche es un lugar seguro para protegerse de los rayos

Si se trata de una tormenta eléctrica, no tema, pues el coche es un lugar muy seguro para resguardase de los rayos. En primer lugar las ruedas de goma aislan el coche del suelo, por lo que la corriente no encontrará en el vehículo un lugar por el que alcanzar la tierra. En segundo lugar, la carrocería del vehículo es conductora de la corriente eléctrica. En caso de ser alcanzada por un rayo, la carga eléctrica se distribuirá por toda la superficie metálica pero no conseguirá penetrar en el interior. Si no se tocan las partes metálicas de la cabina, los pasajeros estarán perfectamente seguros. Es lo que se conoce como Jaula de Faraday. Que los ocupantes no sufran daños no quiere decir que el vehículo salga indemne, pues la electrónica de a bordo y la pintura, en el lugar del impacto, quedarán seriamente perjudicadas.

Y si el granizo te sorprende…

Durante las tormentas es probable que se desate una granizada. La caída de estas bolas de hielo puede ocasionar daños y afectar a la conducción de manera importante debido a diversos factores:

  • Imprevisible. El granizo no está ligado a una estación concreta, sino que su aparición puede darse en cualquier época del año y, por lo tanto, sorprender a los conductores.
  • Reduce la adherencia. El hielo y la conducción no se llevan bien. Conducir por una carretera llena de granizo hará que el coche pierda adherencia respecto al firme por lo que deberá controlar la velocidad y frenar con precaución, es decir, hacerlo lo más recto posible y evitar frenar en las curvas.
  • Visibilidad. De manera similar a las tormentas, el granizo reduce la visibilidad del entorno. Ver y hacerse ver es fundamental para no sufrir un accidente.
  • Ruido. El sonido provocado por el granizo puede llegar a ser muy intenso y ligado a la preocupación por los posibles daños en el vehículos, el conductor puede distrarse de la conducción. Lo mejor en esta situación es no preocuparse, tratar de ignorar el ruido y tener claro que, generalmente, el granizo no podrá romper la luna del coche.

Como con cualquier tormenta, lo mejor es detenerse en lugar seguro y esperar a que el granizo amaine. Mientras tanto, conduzca con precaución, sea consciente del entorno, aumente la distancia de seguridad y no se exceda con la velocidad.

Por si acaso, el coche a punto

Aquí tienes una serie de consejos sobre mantenimiento del vehículo que te permitirán hacer el viaje de forma segura:

  • Limpiaparabrisas. Es importante que las escobillas limpiaparabrisas estén en perfecto estado, pues si la goma está desgastada, no barrerán adecuadamente la luna y retirar el agua será una tarea más difícil. Si se circula bajo una tormenta intensa y el agua no se desaloja adecuadamente, la visibilidad se verá seriamente afectada. 
  • Sistema de iluminación. Las tormentas oscurecen el día por lo que ver y ser vistos se vuelve fundamental. Si el sistema de ilmunación del vehículo no funciona adecuadamente, puede ponerse en peligro a sí mismo y al esto de usuarios de la vía. Puede pensar que las lámparas lucen adecuadamente, pero quizá estén funcionando con una iluminación inferior debido al desgaste y el paso del tiempo. Una visita al taller bastará para cerciorarse de que el vehículo ilumina como debe. 
  • Neumáticos. Con la lluvia el firme se moja y la adherencia de las ruedas disminuye. Unos neumáticos desgastados harán un flaco favor al conductor, pues no responderán bien en esta situación de bajo rozamiento. Si el dibujo de los neumáticos ha disminuido es señal de que toca un cambio de ruedas.